Capítulo 5: Lemuria

Tras recuperarse del impacto de la isla, Félix, Nadia, Sole y Kraden (Alex ya se había ido), fueron a buscar un barco para poder ir al Mar del Oeste, que es donde se encontraban los faros restantes. Pero pronto se dieron cuenta de que era imposible, ya que al unirse los tres continentes habían formado una barrera de arrecifes que había cerrado el canal entre los mares.

En una ciudad llamada Madra encontraron a un Adepto de Agua llamado Piers, que los madrenses habían encerrado por creer que era un pirata. El repetía todo el rato que se habían equivocado, que él no había hecho nada, pero los guardias no le creían. Félix se dio cuenta de que un Adepto más podría serles de ayuda, así que fue a buscar al jefe de los piratas, Briggs, para que testificase a favor de Piers. Tras unas jornadas de viaje, lo encontraron en una ciudad llamada Alhalfra y allí, tras una paliza, lo capturaron y lo interrogaron. Briggs confesó que no conocía a ningún Piers, lo que lo absolvía del crimen que le acusaban y, gracias a ello, quedó libre.

Desgraciadamente, mientras estaban fuera, una tribu de guerreros salvajes llamados Kibombos saquearon Madra y se llevaron la posesión más preciada de Piers, un orbe mágico de color azabache. Este, al enterarse del robo, fue directo al poblado de los bárbaros a recuperarlo. Félix y los demás lo siguieron para ayudarle, y, si había suerte, unirlo a su causa. Tras una violenta batalla con los salvajes, Félix y sus compañeros lograron recuperar el orbe.

Mientras descansaban y curaban sus heridas, Piers les confesó que era un capitán lemurio que, mientras navegaba con su barco, fue arrastrado por el tsunami. Kraden estaba deseoso de ver Lemuria, porque su mentor, Babi, le había hablado de un bebedizo mágico que otorgaba la eterna juventud. Así que decidieron acompañar a Piers de vuelta a su tierra, y, si había suerte, descubrir en aquella lejana tierra una manera de cruzar al otro océano y continuar con su misión de encender los faros.

Piers les contó que el Orbe Negro que habían recuperado de manos de los Kibombos era en realidad un artefacto mágico que canalizaba la Psinergía de los Adeptos hacia el timón de los barcos lemurios, lo que permitía a su timonel maniobrar con gran maestría, algo clave para sortear los peligros del camino hacia Lemuria, repleto de fiordos y arrecifes, y, por supuesto, de remolinos.

Pero pronto surgió otro problema. Cuando cargaban provisiones en una de las islas que rodeaban Lemuria se enteraron de que el guardián de los mares, Poseidón, un ser mitad hombre mitad pez con un poder de agua superior al de cualquier adepto humano, se había establecido en el mar que rodeaba Lemuria, impidiendo la entrada a la tierra natal de Piers. Presumiblemente, había sido él el causante del tsunami.

Buscando una forma de derrotar al titán marino, el grupo de Félix atracó en Champa, la ciudad natal de Briggs y uno de los principales puntos de encuentro de los piratas del Mar del Este. Allí conocieron a la abuela de Briggs, una señora enigmática y de fuerte carácter, pero muy sabia. Esta les dijo que para poder vencer a Poseidón tendrían que atacarle con su némesis, un tridente mágico que había pertenecido a una antigua civilización, la cual, temerosa de su propia creación, había dividido el arma en tres partes para que sólo cuando fuera necesaria se pudiese volver a forjar y empuñar.

Cuando iban a partir en busca de los pedazos del tridente, a la salida de Champa, Félix y sus amigos se encontraron con Alex y otros dos guerreros del norte, llamados Karst y Agatio. Alex les comunicó una triste noticia. Babi, desprovisto del brebaje lemurio, había fallecido en su cama, por muerte natural.

Tras realizar un periplo por todo el mar del Este buscando los pedazos del tridente, finalmente lograron reunirlos todos. De regreso a Champa, la matriarca de los piratas forjó de nuevo el arma y, tras pertrecharse con todo lo necesario, Félix y los demás pusieron rumbo a Lemuria. Tras entablar un durísimo combate contra Poseidón, consiguieron al fin entrar en la ciudad perdida.

Allí, se dirigieron a la Corte, donde el rey Hidros, monarca de Lemuria, les puso al corriente de unas noticias apremiantes. Weyard, desprovisto de Psinergía, estaba desapareciendo más rápido de lo que Félix había podido imaginar. El rey había encomendado a Piers la secreta misión de encender los faros para detener la inexorable destrucción del mundo y, él, mientras buscaba la manera de salir de Lemuria sin ser visto, había sido arrastrado, para su fortuna, por el tsunami. Viendo que Félix y los demás tenían la misma misión, el lemurio decidió unirse a ellos.

Tras una copiosa cena repleta de diversos pescados exóticos, el grupo de Adeptos, ahora más numeroso, salió de Lemuria. Como regalo de despedida, el rey Hidros les había otorgado un valioso artefacto alquímico que les permitiría abrirse paso por los fiordos para llegar al hasta entonces inaccesible mar del Oeste. Los dos faros restantes les esperaban, pero el tiempo apremiaba, pues los días de Weyard estaban contados.