Capítulo 2: El Monte Aleph

Tras un largo viaje a través de ríos y montañas, Alex y el grupo de guerreros norteños llegaron al Monte Aleph. Allí, los guerreros más fuertes de la comitiva, Saturos y Menardi, entraron por la fuerza en el templo situado bajo el monte, destruyendo las trampas y las puertas. Pero al llegar a la antesala donde estaban guardadas las Estrellas, se encontraron una peligrosa trampa que no lograron sortear. Cayeron en ella, y esta inició la erupción del monte, lo que provocó la caída de una gran roca ladera abajo. Esta se dirigió hacia Tale, la aldea al pie del Monte Aleph. Los Adeptos locales, al ver el peligro que suponía, trataron de frenar la roca lo suficiente para que la aldea fuese evacuada. En medio de la confusión, un joven niño llamado Félix se cayó al río que atravesaba la aldea, desbordado por el deshielo del volcán al entrar en erupción. El pobre niño intentó mantenerse como pudo agarrado a un pilar situado en medio del río, lo único que quedaba del muelle que había sido arrancado por el torrente hacía escasos minutos. Cuando ya pensaban que podrían rescatarlo, la roca finalmente pudo con los agotados Adeptos que la sostenían y cayó rodando por encima del pobre niño y de los hombres que estaban en el puerto. Saturos y Menardi contemplaron la horrible escena y, con una compasión inusual en ellos, rescataron a los caídos sin que nadie les viera. A pesar de sus graves heridas, los dieron curado, y los llevaron ante los demás guerreros. Luego siguieron merodeando por allí. Se encontraron a dos niños que les estaban espiando y los dejaron inconscientes.

Hans y Garet habían sido amigos desde la infancia. El padre de Hans fue uno de los que desaparecieron durante la erupción al intentar ayudar a Félix y, sintiéndose culpable de no haber dominado lo suficiente la Psinergía como para salvarle, empezó a entrenarse duramente. Garet era nieto del alcalde de Tale, y, para poder ayudar en su reconstrucción, decidió entrenar con Hans. Los dos recordaban el día en el que aquellos misteriosos personajes los dejaron sin sentido, y esperaban con ansia el día de volver a verlos y vengarse por la paliza que les habían dado. Luego estaba Nadia. Ella había perdido durante la erupción a su hermano Félix y a sus padres, que cayeron al río intentando salvar a su hijo. Desde aquel incidente  no hablaba con nadie. Pasaba los días entrenándose en solitario.

Tres años después de aquella trágica noche, cuando ya Nadia comenzaba a recuperase psicológicamente y a relacionarse un poco más con la gente, cuando Hans y Garet eran ya unos Adeptos a tener en cuenta, el anciano más sabio de la aldea, el erudito Kraden, los hizo llamar a su casa. De camino se encontraron otra vez a Saturos y a Menardi. Hans y Garet sabían que aún no estaban preparados para vencerlos, pero por suerte los guerreros los dejaron marchar. Una vez en casa de Kraden, este les contó que, tras mucho investigar, había descubierto que Saturos y Menardi intentaban liberar la Alquimia, y que hace tres años habían entrado en el templo del monte para intentar robar las Estrellas. Kraden, a pesar de su vasta sabiduría, no sabía nada respecto de ellas, aparte de lo que contaban las leyendas.

Impulsados por su curiosidad, Kraden, Hans y sus amigos decidieron comprobar que había pasado en el Monte Aleph. Saturos y Menardi los siguieron. Una vez en el templo, lograron evitar la trampa en la que habían caído los guerreros de Alex y entraron en la sala donde se escondían las Estrellas. Kraden, decidido a investigarlas desde más cerca, envió a Hans y a Garet a recogerlas. Cuando ya habían obtenido dos, Saturos y Menardi entraron en la sala acompañados de Félix y de Alex. Este último había convencido a Félix de que el mundo sería destruido si no se liberaba el poder de la Alquimia, y ahora él se había unido a su grupo. Saturos y Menardi tomaron como rehenes a Kraden y a Nadia y amenazaron a Hans y a Garet con matarlos si no les entregaban las Estrellas Elementales. Ellos no tuvieron más remedio que dárselas, pero cuando fueron a coger la última Estrella, la de Marte, en el momento en que Hans la levanto del pedestal, el templo entero comenzó a temblar y a derrumbarse. Los Djinns, asustados, empezaron a salir de sus escondites y a huir del templo para salvar la vida. Entonces apareció el Sabio. Alex y sus guerreros se dieron cuenta del peligro de enfrentarse al guardián supremo de las estrellas y se llevaron a Nadia y a Kraden, junto con las tres Estrellas que tenían, antes de que el templo se derrumbase o de que el Sabio los matase. Hans y Garet, asustados por la presencia de aquella roca con un solo ojo, corrieron asustados. Sabían que no llegarían a tiempo a la puerta, pero, contra todo pronóstico, el Sabio empezó a detener la erupción y les dijo que escapasen, que no les quedaba mucho tiempo. En ese momento, una roca cayó del techo y bloqueó la puerta. El Sabio les dijo que les ayudaría a escapar, pero que a cambio deberían evitar que los cuatro faros fueran encendidos. Le ordenó a Hans que cogiese la Estrella y la mantuviese a salvo. Luego, los teletransportó a la entrada del templo.