Capítulo 9: Bajo tierra

-¡He encontrado otra veta! ¡He encontrado otra jodida veta!

Pocos segundos después, una multitud de enanos se congregaba alrededor de una pared de la galería recién excavada en la dura roca de un perdido planeta del sector T-37 alfa. El minero que había gritado hacía unos instantes se afanaba en limpiar una parte de la pared que destellaba ante la luz de los faroles. Poco a poco se empezó a vislumbrar una superficie amorfa cristalina que crecía por momentos. Los mineros guardaban silencio, pero sus respiraciones aceleradas retumbaban en el túnel.

Un minero no aguantó más la tensión y rompió el sonoro silencio:

-¡Por Moradin, esta gema es jodidamente colosal! Debe de pesar al menos medio quintal en bruto.

-Hay que sacarla de ahí cuanto antes –añadió un enano con una barba blanca trenzada que le llegaba hasta las rodillas-. Ten cuidado, Kronk, esa preciosidad vale más que tu miserable vida.

Unos pasos apresurados captaron la atención de los mineros que rodeaban a Kronk. Las luces del fondo de la galería formaron de pronto una sombra grotesca en la pared que sobresaltó a más de un enano. Las manos de los mineros se movieron instintivamente colocando el pico en una improvisada posición de guardia.

Doblando la esquina apareció de pronto un gato blanco como la nieve que estaba totalmente fuera de lugar en la lúgubre galería de la mina. La extraña escena no duró demasiado tiempo. El gato avanzó lentamente hacia los mineros y comenzó a crecer de manera extraña. El pelo se oscureció, el rabo se acortó, las orejas empequeñecieron. El ahora irreconocible animal se irguió sobre sus cuartos traseros. Medía ya un metro de altura. Sus garras crecieron y se convirtieron en manos, en su pecho se comenzaron a formar dos bultos femeninos que prontamente fueron cubiertos por un chaleco de cuero marrón.

Todo el proceso de metamorfosis sucedió en apenas un par de segundos. Tan rápido que sólo un ser muy observador hubiese sido capaz de distinguir todos los pasos. La mayor parte de los enanos sólo vieron a un gato blanco transformarse en una mujer totalmente vestida. Un par de ellos blasfemaron de manera poco educada asombrados por el espectáculo que acababan de presenciar. Era la primera vez que presenciaban una metamorfosis.

-¡Hola, chicos! –exclamó alegremente la recién llegada-. He oído barullo, ¿habéis descubierto algo?

-Sí, señorita Aura -respondió Kronk, que ya había terminado de limpiar la mayor parte de la veta-, más capatita de esta nueva que andamos buscando. Y esta vez es bien grande.

-¿¡En serio!? –gritó Aura mientras se acercaba rápidamente a la muchedumbre-. ¡Déjame verla!

A la luz de los faroles de los mineros, Kronk pudo distinguir los rasgos de la recién llegada. De piel clara y cabellos castaños cortados en una cómoda y lisa media melena, llamaba la atención su expresión risueña reforzada por los grandes ojos color almendra y las rosadas pecas que poblaban sus mejillas. Iba vestida con un chaleco de cuero marrón y unos pantalones pirata color caqui del mismo material, que combinaban con un sombrero de fieltro que colgaba de su espalda. Kronk no sabía si admiraba más la belleza inocente de la humana o su capacidad de transformarse con prendas incluidas.

Aura ya había alcanzado la veta de mineral y se afanaba en arrancar con un pequeño martillo de hierro un pedazo de mineral, que luego examinó con una lupa a la luz de un farol.

-Parece que efectivamente presenta un sistema cristalino hexagonal. De todos modos tengo que confirmarlo con el difractómetro de rayos X. Sacad la mena de aquí y llevadla al campamento base. Luego podéis descansar, chicos. Hay que ahorrar fuerzas para cuando llegue la Mano Blanca para colonizar este sitio. ¡El ejército no os va a tratar tan bien como yo!

Aura cogió la muestra de gema contenedora y la guardó en su faldriquera de cuero. Luego se despidió de los mineros con su mejor sonrisa y salió corriendo por donde había venido, con la misma emoción que un niño con un juguete nuevo. Cuando estaba llegando al fondo de la galería se transformó en una liebre para llegar antes a la salida de la mina.

El sol estaba a solo un par de horas de terminar su inexorable camino hacia el horizonte cuando Aura salió al exterior. Se detuvo a aspirar una bocanada de aire, elevando el hocico lo más alto que pudo. Era todo un privilegio poder trabajar en un planeta con aire respirable, sin tener que andar siempre en forma humana llevando las incómodas mochilas de soporte vital. Tras unos segundos de deleite continuó su marcha hacia el campamento base. Quería terminar los patrones de difracción antes de la madrugada para poder acostarse pronto, pues estaba bastante cansada. Tras un par de kilómetros de correteo, la liebre blanca llegó a lo alto de la colina bajo la que habían asentado su campamento. De repente, frenó en seco y levantó sus orejas. Su respiración se detuvo unos instantes mientras presenciaba la última escena que hubiese esperado encontrarse.

El campamento estaba en llamas.

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