Capítulo 8: Guerra de palabras

El enorme hemiciclo bullía con el murmullo de los varios cientos de senadores que compartían, entre otros temas, sus opiniones acerca del hombre sentado en el escaño presidencial situado al fondo de la sala, justo debajo de la espada ceremonial utilizada durante la investidura de los cancilleres y guardada en una vitrina transparente empotrada en la pared. Robert había realizado el ritual de tocar la vaina azulada del mandoble apenas dos días antes, un acto  reservado únicamente para los recién proclamados cancilleres. Los nervios que había sufrido durante su nombramiento le resultaban irrisorios comparados con los que padecía en estos instantes. “Ha llegado la hora de la verdad.”, pensaba mientras cogía el mazo ceremonial y golpeaba repetidas veces con él la base de madera, produciendo un sonoro ruido que hizo acallar el murmullo de la sala. El canciller se aclaró la voz, dirigió un instante la mirada hacia su padre, que lo observaba con rostro impasible, y comenzó su discurso inaugural. Con un tono de voz cambiante, para mantener la atención del público, el canciller relató sus “virtuosos propósitos” para con la República usando para ello los términos más cultos que encontró en el diccionario. Los senadores escucharon atentamente cada una de sus palabras, maravillados con la retórica de Robert.El aplauso fue generalizado. El canciller suspiró aliviado al comprobar que había sido capaz de recitar el discurso sin ningún fallo, aspaviento o tartamudeo durante la media hora de su duración. Tras beber un largo trago de agua, Robert golpeó con la maza para acallar los cuchicheos y comenzó con el pleno, sin percatarse de la sonrisa de complicidad que le dirigía Vincent.

-Señorías, comencemos con el primer punto del orden del día. La Cámara continuará debatiendo la propuesta del excelentísimo archimago de la Torre de Khaiden y archisabio del Consejo de Sabios, el señor Athos, acerca de la colonización de hasta dieciocho planetas del sector T-37 alfa situado en el Través Neutral, en pos de conseguir un monopolio legítimo de la prospección de las denominadas gemas contenedoras, impidiendo de esta manera la explotación por parte de las compañías mineras imperiales. Tiene la palabra el señor James Khorovir, del Partido Expansionista Republicano.

-Gracias, señor canciller, -contestó un hombre de unos cuarenta años de abundante barba blanca y gafas de montura dorada-. Me alegro de que haya hecho sus deberes. Señorías, como hemos comentado en anteriores plenos, los posibles usos de las gemas contenedoras son prácticamente ilimitados. Su capacidad de almacenamiento máxima es prácticamente diez mil veces superior a la de la capatita. Por lo tanto creemos que su prospección permitiría grandes avances tecnológicos desde en ámbitos bélicos hasta en transportes o tecnología móvil.

-Sus Señorías del Partido Obrero Republicano, -continuó tras una breve pausa-, pospusieron la votación de la propuesta en los anteriores plenos debido a la falta de información sobre una aplicación directa y real que subsanase las pérdidas de la cancelación de los proyectos coloniales en curso para focalizarse en la del sector T-37 alfa. Debido al límite de tiempo permitido entre la emisión de una propuesta y su votación, la decisión debe de ser tomada hoy durante este pleno. Me gustaría ceder la palabra al señor Athos para que nos pueda explicar con mayor detalle la posible futura aplicación de las gemas. Muchas gracias.

-Se concede el turno de palabra al excelentísimo archisabio Athos –concedió el canciller, mirando de reojo al hombre de avanzada edad  que se sentaba dos escaños a su izquierda, en el puesto del archisabio del Consejo-.

Athos carraspeó, se ajusto las gafas de media luna y dirigió la vista a los senadores por encima de la lente creciente. Luego comenzó a hablar con voz pausada pero segura.

-Señorías…, la torre de Khaiden ha ultimado detalles respecto a un uso… especial de las gemas contenedoras que nos proporcionaría una ventaja decisiva sobre el Imperio. Se trata de un arma… mágica de proporciones colosales. Algo nunca visto, una auténtica maravilla. Hemos trabajado a contrarreloj, pero podemos afirmar ya con seguridad la posibilidad de su creación. Su único inconveniente… es la cantidad de gemas necesarias. Según nuestras estimaciones… si comenzamos la prospección antes que los imperiales…, podremos conseguir la cantidad suficiente de gema contenedora. Necesitamos una tonelada métrica de gema bruta…, o puede que más. Debemos asegurar el monopolio de la República en cuanto sea posible.

-¡Eso es inaceptable! -saltó de pronto un senador élfico-. ¡¿Con la cantidad de posibles usos de esas piedras y las vais a convertir en una maldita bomba?!

-¡Orden! -gritó Robert, golpeando con el mazo varias veces para hacerse oír sobre el murmullo que se desató.- ¡No tiene la palabra, senador Ithorièl!

-Entiendo su… turbación, senador Ithorièl –terció Athos cuando el bisbiseo se acalló-. Pero debo sacarle de su error. No es una bomba lo que pretendemos fabricar, sino un arma… reutilizable. De un potencial jamás visto. Sin embargo, su… identidad debe ser mantenida en secreto, incluso ante el Senado. No deseamos que la idea caiga en manos imperiales. Realmente, senador, si conociese su… utilidad no pondría trabas a su desarrollo.

Ithorièl parecía a punto de estallar, por lo que Robert se adelantó a los acontecimientos y anunció:

-Muchas gracias por su aclaración, señor Athos. Ha llegado el turno de la oposición. Tiene la palabra el senador Ithorièl, del Partido Nacionalista Republicano.

Ithorièl no respondió al momento, sino que se tomó su tiempo para poner en orden sus pensamientos y aclararse la voz con un trago de agua. Luego se levantó. Acostumbraba a alzarse durante su discurso para reforzar el efecto de sus argumentos.

-Señorías –comenzó Ithorièl poniendo énfasis en las palabras adecuadas-, el PNR está totalmente en contra de un reajuste de la política colonial actual. Aceptamos en su día el establecimiento de una comisión de colonización con el requisito de que los beneficios estuviesen orientados al desarrollo de los mundos republicanos, al bienestar de nuestro pueblo. Consideramos inaceptable que se malgasten sacres en armamento mientras algunos de nuestros principales mundos no disponen de tecnología digital o incluso telecomunicaciones. Las políticas de la República deberían centrarse en mejorar la calidad de vida de sus habitantes, no en expandirse cuando en nuestra situación actual ya no somos capaces de garantizar el bienestar de nuestros ciudadanos. No secundaremos esta decisión. Gracias.

Todos los elfos, sin excepción, aplaudieron el discurso de su congénere. Tras unos instantes, Robert golpeó con su maza inquiriendo silencio, para luego decir:

-Ahora que la oposición se ha pronunciado, sólo resta que el Partido Obrero Republicano exprese su opinión antes de la votación. Tiene la palabra el portavoz del POR, el senador Zolvan Ironhide.

Tras varios minutos deliberando en voz baja con sus congéneres, un robusto enano que no debía de medir más de metro y medio carraspeó y anunció con la característica voz grave y de intensidad variable de los enanos:

-Los senadores electos del POR hemos tomado una decisión. Entendemos la postura de nuestros camaradas élficos respecto a las a veces complicadas condiciones de vida de las colonias. Sin embargo, hemos considerado que esa arma tan asombrosa que describís podría cambiar las tornas de la República en el entorno político universal. Desde que tengo memoria, nuestra nación ha comido de la mano negra imperial en todos los conflictos acontecidos en el Través. Creo que todos deseamos la prosperidad de nuestra nación, y si esa arma puede amedrentar a esos pretenciosos caudillos de las colonias imperiales, no seremos nosotros quienes lo impidamos. No en vano una de las grandes virtudes de nuestra nación es el Poder. El POR se pronuncia a favor de la propuesta. Gracias.

Esa fue la última intervención del día. El tumulto generalizado que siguió a las decisivas palabras de Zolvan, seguido de la fuga masiva del hemiciclo de senadores nacionalistas en señal de protesta, impidió que se desarrollasen el resto de puntos del día. “Vaya tema he elegido para empezar mi primer día” pensó Robert mientras usaba todas sus energías en golpear una y otra vez con el mazo su ahora nuevo atril.

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