Capítulo 25-Eclosión

En lo alto de la Torre la agitación era evidente. Decenas de altos cargos de la Mano Negra se movían de una estancia a otra llevando carpetas con documentos de inteligencia, mapas de sectores y libros sobre tácticas militares. El Imperio estaba llevando a cabo una invasión por tres frentes, y eso requería una logística, estrategia y táctica muy complejas.

En contraste con aquel bullicio infernal, en la sala del trono reinaba un silencio tenso. El Emperador leía con atención las noticias de los últimos avances de la ofensiva en el informe que su hermano le acababa de traer hacía unos instantes. Ganondorf observaba atentamente los pequeños ojos carmesíes de Genonheart, la única parte de su cuerpo que asomaba tras su armadura integral, en busca de una expresión que le indicase su opinión respecto al desarrollo de la guerra.

-Mmm, parece que nos hemos atascado –dijo el Emperador, tras cerrar el informe-.

-Sí, hermano. Han detenido nuestras fuerzas en Torvetto y Gundabad –contestó Ganondorf, cruzándose de brazos-. Son posiciones están fuertemente defendidas por defensas planetarias y orbitales, además de numerosas instalaciones de apoyo táctico.

-¿Nos espera entonces una guerra de desgaste? –preguntó Genonheart, entornando los ojos.

Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de Ganondorf.

-En condiciones normales lo sería. Pero por suerte nosotros tenemos el arma definitiva. Ya hemos desarrollado un prototipo, y esperamos poder producir otros dos más a lo largo de la guerra si encontramos más vetas de mineral en el sector.

-¿Está el prototipo listo para combatir? –preguntó el Emperador con una mirada ansiosa-.

-Esta mañana Med procedió a su activación y fue todo según lo previsto. Estoy seguro de que te mueres por verlo. He mandado que lo traigan a la Torre. Está en el quinto sótano.

Genonheart se levantó de un salto. Sus ojos centelleaban.

-¡Vamos!

Los dos hermanos llegaron rápidamente a las dependencias subterráneas de la Torre gracias al ascensor personal del Emperador. Tras caminar en penumbra por sinuosos pasillos de paredes lisas sin más adornos que las periódicas luces que alumbraban el camino llegaron a una puerta de seguridad flanqueada por Agahnim y el Médium.

-Te esperaba, Emperador –anunció el Médium, haciendo una leve reverencia-. Ah sí, Emperador Genonheart, mi alma está a su servicio.

-No nos perdamos en protocolos, Med, o acabaremos pareciéndonos a la República –replicó el Emperador-. Venga, quiero ver el arma-.

El pequeño grupo franqueó la puerta de seguridad. La estancia parecía ser un almacén, pues varias cajas se apilaban apoyadas en las paredes. En el centro, un enorme contenedor de vidrio contenía suspendido en un líquido semitransparente una figura familiar. Cuatro cristales cortados en forma de rombo flotaban en el seno del fluido formando un símbolo muy parecido al del propio Imperio. El Emperador los miraba extasiado.

-Para generar el arma necesitábamos que las gemas contenedoras activadas estuviesen en algo que los hechiceros llamamos equilibrio geomágico –explicó el Médium, dando un par de pasos al frente-. En los planos originales, el arma estaba diseñada usando gemas triangulares, pero decidí cambiarla por algo más patriótico. Los soldados imperiales pelearán con el doble de ímpetu si ven a su propio símbolo combatir a su lado. Y bien, ¿qué te parece mi obra, Emperador?

Genonheart se adelantó hacia el contenedor y acarició el vidrio, sin apartar la vista de los hipnóticos cristales.

-¿Tiene nombre? -murmuró, con un tono extraño en su voz.

-Bueno, el proyecto original se llamaba Trifuerza –comentó el Médium-. Pero supongo que como este prototipo tiene cuatro cristales podríamos llamarlo… Cuatrifuerza-.

Sin previo aviso, el Emperador rompió de un puñetazo el vidrio del contenedor. El movimiento cogió por sorpresa a todos los presentes, que contuvieron la respiración mientras el líquido se derramaba por toda la sala. La recién nombrada Cuatrifuerza seguía flotando en su forma original a pesar de que ya no se encontraba en el seno del fluido. Parecía que la gravedad no afectase en absoluto a los cuatro cristales, los cuales ajenos a la turbidez del líquido ahora refulgían con un sobrecogedor brillo negro.

-Emperador, ¡¿qué has hecho?! –exclamó el Médium, recuperándose del shock momentáneo-. ¡El control del arma no ha sido probado todavía! No sabemos si obedecerá nuestras órdenes fuera del éxtasis.

-¿Obedecerá? –preguntó Ganondorf, sin apartar la vista de la flotante figura.-. ¿Acaso tiene… conciencia?

Una profunda voz que parecía surgir de lo más hondo del propio ser contestó la pregunta en las conciencias de cada uno de los presentes. Todos se habían comunicado alguna vez con un ente telepático, pero aquella sensación era distinta. Parecía como si realmente aquel ser estuviese penetrando en sus mentes.

“He aquí ante mi presencia aquel capaz de someter las almas de sus enemigos. He sido creada para serviros, Emperador, y sólo vuestras órdenes obedeceré”

-Yo, Genonheart, Emperador del Imperio del Mal, reclamo tu alma para cosechar las de mis enemigos –proclamó el Emperador, con cierto tono sobrecogedor en su voz, mientras alzaba la mano hacia la Cuatrifuerza-. Guía a mi nación hasta la victoria.

Como si de una demostración de poder se tratase, la Cuatrifuerza palpitó con una fuerza colosal, generando ondas expansivas que derribaron a todos los presentes salvo al recio Emperador. Segundos después, un fulgor extremadamente brillante llenó la sala. Cuando los hombres lograron abrir los ojos y levantarse, comprobaron anonadados que la Cuatrifuerza había desaparecido. El Emperador permanecía en la misma posición que tenía cuando reclamó el arma. Ni las ondas ni el destello parecían haber hecho mella en él.

Lentamente, Genonheart se dio la vuelta. Su hermano se fijó que en la armadura que cubría el dorso de su mano izquierda refulgía con el mismo brillo que había observado anteriormente en los cristales del arma.

-Ahora la Cuatrifuerza y yo somos uno –explicó el Emperador, adivinando los pensamientos de su hermano, mientras avanzaba pausadamente hacia ellos-. Creo que ha llegado la hora de que tenga un poco de acción. Ya no recuerdo la última vez que esta coraza recibió el golpe de una espada. Vengaré a mi hermano personalmente, y no habrá ser vivo en este universo que pueda detenerme.