Capítulo 12: Purgatorio

Todo sucedió muy deprisa. El ambiente estaba inundado de silbidos mortales producidos por las flechas incendiarias y los virotes que volaban directamente hacia la carpa. Los invasores que hacía unos instantes golpeaban violentamente la cúpula mágica ahora cargaban contra los defensores pertrechados tras las improvisadas barricadas. Aura no perdió un sólo instante. Cogió una plancha de madera que estaba apoyada a un lateral de la barricada y la orientó para defenderse de los flechas mientras corría hacia Max, que yacía indefenso en el suelo. Sabía que un virote atravesaría sin problemas su improvisado escudo, pero confiaba en que los ballesteros estarían demasiado ocupados disparando contra las barricadas como para fijarse en ella. Tras recorrer los pocos metros que la separaban de Max, se agachó y colocó el escudo para cubrirlos a ambos.

-¡Max!, ¡despierta, por Caelux! –le gritó mientras lo zarandeaba con la mano que tenía libre-. No puedo contigo, ¡tienes que levantarte!

El hechicero no respondía. Aura asomó la cabeza desde un lado de su escudo. Una flecha impactó directamente contra la madera, provocando un sonoro estallido. La hechicera soltó una blasfemia mientras volvía a guarnecerse rápidamente tras el tablón.  Sentía la adrenalina recorriendo todo su cuerpo. En el corto instante que se había asomado había podido divisar por lo menos a dos encapuchados que se dirigían corriendo hacia su posición. Aura desenvainó su varita y murmuró unas palabras. Sintió un cansancio momentáneo mientras su cuerpo absorbía del ambiente los magickas, las partículas elementales de la magia, y los dirigía hacia la varita. Cuando consideró que estaba suficientemente cargada, se asomó por un lado del escudo y apuntó con la punta ahora brillante de la varita al encapuchado más cercano. Ignorando la flecha que se clavó en el suelo a apenas un metro de ella, gritó una palabra en un idioma extraño. De la varita surgió una bola de energía dorada que empujó varios metros al invasor, derribándolo y dejándolo inconsciente. Aura repitió el proceso con el otro encapuchado, que recibió el impacto a apenas unos metros de alcanzar el tablón de madera donde se guarnecían los hechiceros. Sentía ya la fatiga provocada por el lanzamiento de los conjuros. Agradecía no haber tenido que procesar los magickas para dar forma al hechizo, pues la varita se había encargado de ello. De haberlo lanzado ella misma, probablemente se habría desmayado.

Un golpe sordo seguido de un dolor agudo interrumpió sus pensamientos. Aura se llevó instintivamente su mano al brazo que sujetaba el escudo de madera. Notó con horror la humedad caliente de la sangre. El dolor se estaba volviendo insoportable. Confirmó sus sospechas cuando descubrió un agujero de apenas un centímetro de diámetro en la madera. Escuchó unos gritos que provenían del otro lado del escudo. Venían más encapuchados.

Aura vio por el rabillo del ojo a un rostro conocido escondido tras una barricada cercana.

-¡Michael! –gritó con todas sus fuerzas. El dolor le empezaba a nublar la vista. -¡Joder, necesito ayuda!

El semielfo, que estaba apuntando con su arco a un invasor que cargaba contra la barricada, giró la cabeza y contempló asombrado el rostro desencajado de la hechicera y la mancha de sangre que se extendía progresivamente por su chaleco. Guardó el arco a su espalda y desenvainó las dagas que portaba en sendas vainas de la cadera.

-¡Ahora voy!–le respondió a gritos mientras corría con todas sus fuerzas hacia los hechiceros. –¡Aguan…!

Michael ahogó un gemido y cayó al suelo, a pocos metros de ella. Aura observó con horror como una flecha le había atravesado el cuello. Los ojos de Michael estaban abiertos de par en par, mirando al vacío.

Aura sintió como un sudor frío le recorría la frente. El brazo que sujetaba el tablón le estaba fallando, así que se sentó contra él para sujetarlo con su espalda. Los gritos estaban cada vez más cerca. Delante suya se encontraba la carpa, prácticamente envuelta en llamas. Los refugiados huían despavoridos del fuego y eran alcanzados por las saetas de los invasores, que caían sobre ellos sin piedad. El ambiente estaba cargado de luz, ruido y desesperación. De demasiada luz. Aura se cubrió instintivamente los ojos. Un estruendo la sacó de su ensimismamiento. A los pocos segundos, apareció otro destello de luz seguido de un nuevo estallido. La hechicera comenzó a comprender lo que sucedía. Apartó la mano de los ojos y levantó la vista. Delante suya, una mujer que conocía perfectamente sujetaba un libro abierto en una mano mientras mantenía estirado su otro brazo en su dirección. Sus labios se movían a un ritmo frenético, pronunciando palabras que aun si las escuchara de forma pausada seguirían sin tener sentido para ella. Con un sonoro golpe de voz, Diana concluyó el hechizo. Un haz de energía luminosa salió despedido de su mano extendida, dirigiéndose directamente hacia ella. Aura se cubrió instintivamente, pero el hechizo pasó justo por encima de su posición. El haz estalló a pocos metros, provocando un sonoro chasquido que ahogó el grito de dolor del encapuchado que acababa de ser calcinado.

Aura volvió a levantar la vista. Diana se dirigía corriendo hacia ella, dejando atrás una hoja de papel que cayó de su libro.

-¿Estáis bien? –Preguntó al llegar junto a los hechiceros. Aura percibió un brillo irisado alrededor de la recién llegada. Había conjurado sobre ella una barrera protectora para protegerse de los proyectiles.

-¡Diana! ¡Menos… mal que has venido! Max está inconsciente… y a mí me han dado. Creo que es un virote.

Diana se agachó para observar mejor la herida de Aura. Sacó su varita del cinturón y apuntó hacia el agujero del que seguía manando sangre.

-Esto te va a doler un poco –confesó la recién llegada mientras reunía magickas y los desviaba a la varita. Luego trazó un semicírculo con ella-. Accio virote.

 Un dardo metálico surgió de la mancha roja de su chaleco, atraído por la punta de la varita. Aura, a pesar de estar preparada, soltó un grito de dolor que provocó que Diana se tapase los oídos y abriese la boca instintivamente.

-No grites tanto, por favor… –le reprochó mientras balanceaba la varita y murmuraba uno de los muchos conjuros sanadores que conocía.

-Perdón, es que duele… dolía una barbaridad –contestó Aura mientras comprobaba con asombro lo rápido que actuaba la luz azulada que despedía la varita. El dolor prácticamente había remitido.

Diana terminó de canalizar el hechizo y volvió a guardar la varita. Luego se levantó y abrió su libro dorado con un gesto hábil.

-He reconstruido los tejidos dañados y he acelerado tu proceso de hematopoyesis. En un minuto estarás curada y podrás unirte a la lucha. Yo voy a seguir con lo mío.

Aura contempló como Diana conjuraba más haces de luz contra los encapuchados que seguían intentando llegar a las barricadas. La hechicera bailaba con movimientos precisamente estudiados para evitar la mayor parte de las flechas que se dirigían a ella. Las pocas que no lograba esquivar impactaban contra la barrera mágica personal, provocando destellos irisados a su alrededor. De su grimorio dorado se desprendían repetidas hojas de papel en blanco, una por cada hechizo que conjuraba. Los invasores caían rápidamente fulminados. La moral de los defensores crecía por momentos, y a gritos de “¡Por la República!” comenzaron a abandonar las barricadas y a cargar contra los encapuchados. Confundidos, los invasores se juntaron para organizar una improvisada defensa entre los restos del campamento.

Varios miembros de la expedición, liderados por el cocinero, se acercaron a Aura, preocupados por el manchón rojo de su chaleco. Tras tranquilizarlos respecto a sus heridas y poner a Max a su cargo, la geóloga decidió que era momento de actuar. Salió de su cobertura y se transformó en una bella leona de pelaje castaño. Sin esperar a que los encapuchados salieran de su asombro ante la súbita aparición del animal, cargó contra el más cercano, derribándolo y desgarrándole el cuello con sus afilados colmillos. Sin perder el tiempo, continúo a por su siguiente presa, esquivando las flechas que caían sobre ella gracias a sus reflejos felinos. Muerte tras muerte, Aura fue descargando su frustración e impotencia por todo lo que estaba sucediendo. Sabía que luego se arrepentiría de toda la sangre que estaba derramando, que tendría pesadillas las noches venideras, pero prefería eso a seguir viendo como sus compañeros morían sin hacer nada por evitarlo.

Entre los certeros conjuros de Diana, los feroces ataques de Aura y los ahora motivados defensores, el goteo de bajas entre los encapuchados era insostenible. Los pocos que quedaban se batieron en retirada hacia la entrada del campamento. Los defensores corrieron tras ellos, con Diana y Aura a la cabeza.

-¡Que no escapen! ¡Coged a alguno vivo! –gritó el cocinero esgrimiendo una maza que había pertenecido a uno de los invasores

Los encapuchados estaban ya cerca de cruzar la puerta del campamento cuando se dieron de bruces con el último obstáculo que se hubiesen esperado encontrar.

-¿¡Qué coño está pasando aquí!?

Una comitiva de enanos subidos a varios carruajes les cortaban el paso. El humo proveniente del campamento los había alertado, así que habían sustituido sus picos de minero por afiladas hachas de batalla. Las robustas mulas de tiro mostraban claros signos de fatiga por el paso apresurado que habían mantenido el último tramo del trayecto.

Los enanos bajaron rápidamente de los carros y cargaron contra los encapuchados en retirada. Al verse atrapados entre dos flancos, los invasores optaron por la solución más drástica. Cogieron una pequeña daga que portaban en sus cinturones y se degollaron entre ellos con extrema frialdad. Cuando Diana logró llegar hasta los encapuchados, varita en mano y con un conjuro de sanación cargado, ya estaban todos muertos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s