Capítulo 5: El Médium

La puerta del comedor se abrió, para luego ser traspasada por el pluriempleado chambelán. El fiel sirviente portaba una bandeja con una serie de pasteles de diversos colores. Detrás de él, dos pinches de cocina uniformados arrastraban un carrito con una versión gigante de los mismos confites, especialmente preparados para el Emperador.

-Los nombres –contestó el mago-, no son realmente algo importante. Los mismos entes poseen nombres diferentes dependiendo del país donde se encuentren o de la lengua que se hable. Si quiere saber el que me puso mi madre al parirme, no lo recuerdo. Por no recordar, no la recuerdo ni siquiera a ella. He tenido demasiados nombres a lo largo de mi vida como para recordarlos todos.

-Vaya, ahora se hace el interesante… –comentó desdeñosamente Tetragold.

El mago continuó sin inmutarse.

-Si quiere un nombre, le daré el último por el que fui llamado. Me conocen como el Médium.

-¿El Médium? ¿Acaso hablas con los muertos o algo así? –dijo Tetragold en tono burlón- Yo también se hacerlo, mira. ¡Huesitos, otro trozo de tarta!

-Ya basta, hermano –replicó el Emperador-, oigamos el motivo de su nombre.

-No tiene nada de especial –continuó el Médium- últimamente me ganaba la vida deshaciendo maleficios y contactando con los ancestros de la gente. Bueno, o eso les decía a ellos. No estoy muy orgulloso de engañar a pueblerinos, pero al menos es un trabajo discreto, pues la ultratumba es un tema tabú en muchos sitios. Es cuestión de tener talante y saber hablar.

-No me gusta la gente que se gana la vida mintiendo, es de cobardes–comentó molesto Ganondorf. Se le había borrado la sonrisa de su cara, tornando a una mueca siniestra.

-Cuando eres un proscrito buscado por la República, no tienes muchos trabajos donde elegir. Si quería llegar a Gerudo, necesitaba el dinero. Al menos estarán de acuerdo en que  sigue siendo más… honrado que robarlo. Y los pueblerinos parecían contentos con mis predicciones.

-No juzgaremos tus métodos mientras no interfieran con mis intereses -dijo el Emperador.

El Médium cogió uno de los bollitos rellenos de crema pastelera y lo engulló de dos bocados. Luego se levantó.

-La cena estaba realmente deliciosa, pero si me disculpan voy a retirarme ya, estoy cansado del viaje.

Tetragold golpeó la mesa visiblemente irritado por la falta de respeto que acababa de presenciar. No hacía falta saber ningún protocolo para darse cuenta de que el Emperador era quien decidía cuando se terminaba una comida.

-Tranquilízate hermano –dijo Genonheart levantándose-, de todas formas yo ya había terminado de cenar. Médium, Huesitos te señalará el camino a la residencia. Ah, y mañana pásate por las dependencias de mi mago personal. Es un antiguo miembro de Khaiden. Probablemente tengáis muchas cosas que contaros.

El invitado fue acompañado por el chambelán hacia la salida del comedor a la par que Tetragold se retiraba por la puerta opuesta. Tras un breve paseo por los pasillos de la Torre y las calles de Gerudo, el Médium llegó a la residencia donde descansó hasta bien entrada la mañana.

Amanecía otro día en la bulliciosa capital del Imperio. Los habitantes, en su mayoría humanos, salían de sus casas en dirección a sus respectivos lugares de trabajo, los cuales no abandonarían hasta la caída del sol. Las jornadas laborales del Imperio eran largas y agotadoras, pero a cambio los trabajadores gozaban de la protección y los servicios públicos del Imperio. Gracias al intenso y continuo programa de expansión Imperial, apenas había paro en Gerudo. Los ciudadanos incapaces de trabajar debido a enfermedades o heridas de guerra no disponían de subsidios públicos, y en su gran mayoría acababan mendigando en los barrios pudientes de la capital, donde la caridad brillaba por su ausencia. El frío y el hambre se ocupaban de que su número no creciese demasiado.

Tras tomar un frugal desayuno, Médium se dirigió de nuevo a la Torre, sólo que esta vez por la puerta principal. Los guardias debían de estar advertidos de su llegada, pues no pidieron identificación alguna al mago y lo guiaron hasta el último piso de la Torre, donde los centinelas carmesíes guardaban celosamente el ascensor. Arriba, Huesitos lo recibió con una mueca que Médium interpretó como una sonrisa calavérica. El chambelán lo acompañó por un pasillo decorado con retratos de seres de distintas razas que vestían la misma túnica roja con un ojo negro estampado en el pecho.

Huesitos reparó en la atención que el Médium ponía en los retratos.

-Esa túnica la han llevado los distintos hechiceros personales del Emperador desde que se tiene constancia de ellos. Bueno, evidentemente no es siempre la misma. Supongo que la han ido cambiando según se roía. ¡Sino sería más vieja que yo!

Tras soltar una carcajada, el chambelán se dio cuenta de que el mago ni siquiera le estaba escuchando. Ambos siguieron en silencio hasta llegar al final del pasillo, donde los esperaba el actual dueño de la túnica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s