Capítulo 3: La llegada

Sólo unos pocos planetas en el universo están habitados. La mayoría de ellos suelen estar comunicados por una especie de portales arcanos, que son los que han favorecido la comunicación universal. Estos portales, de procedencia desconocida, transportan todo lo que lo atraviesa al otro lado, generalmente, a un planeta ubicado en una galaxia distinta. En el universo hay toda una red de portales que confluyen en mundos que, gracias a ellos, se han convertido en grandes capitales o centros de comercio.

Para distancias más pequeñas, entre sistemas de una misma galaxia, suelen utilizarse motores dimensionales que permiten velocidades muy superiores a la luz.
El Nexo, la única luna de Gerudo, era la puerta de entrada a la capital del Imperio. En él se concentraban casi treinta portales que conectaban a diversos planetas del Espacio Imperial. Para proporcionar mayor seguridad a la capital, la única unión existente entre el planeta y su satélite era mediante una serie de transbordadores que el Departamento de Transportes establecía gratuitamente para todos los viajeros. Debido al elevado volumen de turistas, funcionarios, empresarios, diplomáticos y comerciantes que viajaban a Gerudo diariamente, siempre había largas colas en el espaciopuerto. Sin embargo, la pequeña comitiva que escoltaba al mago de Beaufar se dirigió a un hangar a pocos kilómetros de allí, donde un transbordador privado los esperaba. Tras un vuelo de una hora a Gerudo, el transbordador se posó en el espaciopuerto privado del Emperador, situado en un complejo de acceso restringido que rodeaba la Torre.

La Torre del Emperador era un titánico edificio, de aproximadamente dos kilómetros de altura, que presidía la capital. En los pisos inferiores se concentraban las embajadas, mientras que en los superiores estaban los departamentos que gestionaban, además de la economía y las infraestructuras, una serie de servicios sociales que supuestamente se ofrecían gratuitamente a todos los ciudadanos del Imperio. La realidad era otra. Las donaciones “voluntarias” que se pagaban a cambio de los servicios influían en la calidad de estos, por lo que generalmente los menos pudientes (la inmensa mayoría de la población) eran asignados a escuelas y hospitales públicos ruinosos. Las condiciones de vida en el Imperio eran en general bastante duras, excepto para las clases dirigentes, que contaban con todos los lujos y comodidades imaginables. La cúspide de la torre, donde se ubicaba la sala del trono, estaba reservada únicamente para el Emperador y sus allegados.

Flanqueando la Torre, a ambos lados, se encontraban otras dos construcciones similares, pero de menor altura. A su derecha estaba la Escuela de nigromancia de Gerudo, llamada popularmente “la torre negra” por el reluciente color oscuro que le otorgaba la obsidiana con la que se había edificado. Había escuelas de nigromancia por todo el Imperio, pero sin duda la de Gerudo era la más prestigiosa de ellas. Sólo las mejores promesas del mundo de la magia oscura podían formarse allí, por lo que cualquier nigromante que se graduase en esta escuela tenía el privilegio exclusivo de poder entrar en la Mano Negra directamente como oficial. Debido a todo ello, el director de esta escuela (también llamado archimante) era considerado el nigromante más poderoso del Imperio.

A la izquierda de la Torre se erigía la menor de las tres, el Nido del Halcón. Era el centro neurálgico de la división de inteligencia, seguridad y operaciones especiales del Imperio, los Halcones Negros. La única manera de acceder a la organización era mediante recomendación, por lo que sólo los más eficaces asesinos y espías podían (o, mejor dicho, no podían) presumir de trabajar allí. Aunque podría pensarse que el líder de los Halcones había sido elegido por ser hermano del Emperador, lo cierto era que  a Tetragold se le consideraba el mejor guerrero del Imperio. Y es que, aún siendo el menor de los tres hermanos, se decía que su habilidad de combate superaba ampliamente a la de cualquier otro ser vivo. Unos contaban que era capaz de matarte con una brizna de paja, otros que era capaz de acertarle con una flecha al ojo de un halcón, lo que junto a su cargo en la organización le había hecho ganarse el apodo de Hawkeye. Lo cierto era que Tetragold podía considerarse una leyenda viva.

La pequeña comitiva de Beaufar bajó del transbordador y se dirigió al interior de la Torre por una puerta lateral. Tras coger uno de los múltiples ascensores, el líder de los escoltas marcó el último piso. Tras dos minutos de espera, las puertas se abrieron, mostrando un pequeño vestíbulo ricamente decorado con tapices de seda y armaduras doradas. Al fondo, dos elfos oscuros ataviados con un llamativo uniforme rojo guardaban la puerta de un ascensor. El mago avanzó unos pasos, contemplando los talles de una armadura que debía de haber pertenecido a un importante rey humano, cuando escuchó un ruido a su espalda. La comitiva había desparecido, su trabajo ya había terminado. El mago avanzó hacia los elfos, que lo reconocieron y descruzaron sus lanzas, permitiéndole la entrada al elevador. Al momento, las puertas del mismo se abrieron. Tras entrar y buscar sin éxito algún panel de control, las puertas se cerraron por si solas, y el elevador comenzó su lento ascenso a la cúspide. Treinta segundos después, las puertas se abrieron, descubriendo un majestuoso recibidor donde un esquelético pero elegantemente vestido chambelán le pregunto su nombre. Después, le acompañó a un salón lateral del que provenía un delicioso aroma.

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