Capítulo 6-El Faro de Jupiter

Una vez cruzado el canal hacia el Mar del Oeste, Félix y los demás pusieron rumbo al faro de Júpiter. Tras sortear las peligrosas trampas de la torre, los Adeptos llegaron al penúltimo piso de la misma. Allí se encontraron con Hans y su grupo, que estaban intentando evitar que la Psinergía de viento también fuese liberada. Desgraciadamente, habían caído en una trampa tendida por Karst y Agatio, los guerreros norteños de Alex. Atrapados, nada pudieron hacer contra ellos, que, tras vapulearlos, le quitaron la Estrella de Marte a Hans. Félix, impasible, subió a la cima del faro y colocó la Estrella en el altar. El tercer faro estaba encendido.

Karst y Agatio subieron a contemplar el espectáculo. Tras ver la enorme esfera de color púrpura brillar encima del altar, los dos guerreros se encararon con el grupo de Félix. Una sonora carcajada salió de la garganta de Agatio, que les espetó:

-Habéis sido de gran ayuda durante todo este tiempo. Con vuestros esfuerzos hemos logrado encender tres de los cuatro faros. Sin embargo, ahora que tenemos la Estrella de Marte, no os necesitamos más. El último faro se encuentra a las afueras de nuestra aldea. ¡Seremos nosotros quienes encendamos el faro, y nos llevaremos toda la gloria!

Tras estas palabras, Agatio conjuró una bola de fuego y la lanzó contra Félix. Afortunadamente, Sole fue rápida y logró crear un escudo que le salvó de una muerte segura. Este fue el comienzo de una encarnizada batalla a la luz del faro que acabaría con la derrota, no sin gran esfuerzo, de los guerreros del norte.

Pero cuando Félix iba a dar el golpe de gracia, Alex apareció y creó una densa niebla. Cuando, con sus últimas fuerzas, Sole logró despejarla, los tres habían desaparecido.

Hans y su grupo lograron liberarse de la trampa, pero cuando llegaron a la cima del faro todo había terminado. Habían vuelto a fracasar en su intento de detener la liberación de la Alquimia.

Los dos grupos acordaron reunirse en la casa de la Maestra Hamma, la hermana de Iván, que vivía en una aldea a los pies del faro. Tras una larga charla, en la cual tanto Hans como Félix expusieron sus argumentos sobre si deberían o no encender los faros, y, sobre todo después de escuchar Hans las palabras del rey Hidros, los dos grupos estuvieron de acuerdo en que si querían salvar Weyard, la Alquimia debía de ser liberada. Así que decidieron unir sus fuerzas y poner rumbo hacia el último faro, en parte por si Alex fallaba en su cometido, y en parte para acabar con los dos arrogantes guerreros del norte. El deseo de venganza ardía en sus corazones.

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