Capítulo 3: El Faro de Mercurio

Tras despedirse de sus familiares y amigos, Hans y Garet se marcharon en busca de Alex. Tras un largo camino, llegaron a una pequeña ciudad llamada Vault, donde conocieron a Iván, un joven Adepto de Viento sediento de aventuras que se unió a su causa. Siguieron su camino hacia el frío norte, por frondosos bosques y altas montañas, hasta llegar al pueblo natal de Alex, Ímil. Allí conocieron a Mía. Ella había sido amiga de Alex desde su infancia, pero según pasaban los años había viendo como él se volvía cada vez más frío y arisco, por lo que su amistad se había deteriorado en gran medida. Hacía poco tiempo había visto a Alex dirigiéndose al faro, pero ella no le había dado importancia pues muchas veces los Adeptos de Mercurio iban a sus alrededores a estudiar la Psinergía que rodeaba la almenara. Mientras Hans y sus amigos estaban charlando con ella, esta sintió que alguien había abierto la puerta de acceso al faro. Fue corriendo a ver lo que pasaba, y, junto a Hans y compañía, lograron entrar y sortear las trampas hasta llegar a la cima del faro. En medio del altar situado en el centro de la torre brillaba una enorme esfera de color aguamarina. Habían llegado tarde.

De repente, un grito les hizo mirar al elevador exterior, que, alimentado por la energía del recién encendido faro, había vuelto a funcionar. Allí estaban Nadia y Kraden, escoltados por Menardi. Rápidamente, Hans y sus amigos corrieron a rescatarlos, pero Saturos les cortó el paso. No tuvieron más remedio que luchar contra él. Por suerte, la luz que emanaba del faro, una parte ínfima del poder del Sol Dorado, debilitó lo suficiente a Saturos como para que pudiesen vencerle. Él, al ser un Adepto de fuego, sufría horrores ante el poder de agua emitido por la esfera aguamarina. Sin embargo, cuando Hans y los demás iban a bajar en el elevador para perseguir a Menardi, apareció Alex y les detuvo. No intentaron luchar con él, ya que todos sabían que tras la dura batalla no tenían ni la más remota posibilidad de ganar a un Adepto de Mercurio en la cima del faro, así que tuvieron que dejarles escapar. Se animaron pensando que aún podrían detenerlos en los otros tres faros, pero aun así se sentían impotentes de no poder haber hecho nada por salvar a Nadia y a Kraden. Mía, tras ver la traición de Alex, juró detenerle, uniéndose para ello al grupo de Hans. Salieron del faro y, tras un día de descanso, continuaron su camino.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s